miércoles, 18 de agosto de 2010

“Es muy lindo decir: ’Yo formé parte' ”




Luis Albornoz es una de las voces más reconocidas de los medios. Durante la presidencia de Alfonsín, formó parte del equipo de “La noticia rebelde”. Aquí cuenta cómo fue su experiencia en ese trabajo. 

La noticia rebelde fue un programa que rompió con las clásicas estructuras televisivas durante los años 1986-1989. Sus secciones más recordadas fueron sus ácidas entrevistas y su “pasando revista”, algo totalmente novedoso en ese momento. Por su parte, dos elemento que jamás estuvieron ausentes fueron la ironía y el humor ya que formaban parte de los pilares fundamentales de la emisión. Sus conductores fueron Adolfo Castello, Jorge Guinzburg, Nicolás Repetto, Raúl Becerra y Carlos Abrevaya.


-¿Cómo fue que empezaste a trabajar allí?
- Me acuerdo que fue un pedido de Adolfo Castello que me había conocido un par de años antes. Él fue el que me llevó a la producción, el culpable -se rie-.
     Allí, todos nos fuimos conociendo poco a poco y empezamos a integrarnos. Recuerdo que desde el primer momento siempre hubo una muy buena onda porque todos poníamos lo mejor de cada uno para que las cosas salieran lo mejor posible. Había una gran predisposición y mucha alegría.  
-¿Cómo crees que La noticia rebelde "revolucionó", en cierta medida, la forma de hacer tv?
- Emmm… no estoy tan seguro de que la haya revolucionado. En mi opinión, los códigos fueron los que se cambiaron: la entrega de la información, de la comunicación, etc. Sin duda, todo eso estuvo acompañado por la liberación que se empezaba a vivir en ese momento. Es decir, antes nos habían tapado la boca con una banda y no podíamos decir nada. Había terror y miedo. Una vez vuelta la democracia, había una especie de necesidad de hablar, de contar, de decir. Era el momento para volver a disfrutar de una libertad que resultaba ser a la vez deliciosa y placentera.  
-¿Cómo era el ambiente de trabajo?

-Era buenísimo. Todo resultaba ser distendido, audaz, desfachatado pero siempre manteniendo el respeto. Se tenía la seguridad de que el otro cumpliría con lo que tenía que hacer. Además como había una gran necesidad de expresar, la producción se “mataba” para lograr éxitos increíbles en sus citas con artistas y políticos.

-¿Qué significaba el humor y la ironía para el programa?, ¿cómo lo definirías?
- Para todos, el humor era el tronco del árbol de libertad de expresión. A través de él, se deslizaba la ironía, las obviedades, las marcadas inteligentemente hechas, las denuncias sociales y políticas, los descansos extendidos e innecesarios de los políticos en sus bancas, etc. Todo estaba realizado con películas o filmaciones reales del noticiero que yo me encargaba de doblar.  
-¿En qué se inspiraron a la hora de hacer el formato del programa?
Se podría resumir en la unión de dos o tres talentos con sumados a la necesidad de ironizar la realidad, que por lo general, suele entregar gran cantidad de material.

-¿Qué recuerdos te quedan de La noticia rebelde?, ¿marcó tu vida este programa?, ¿en qué cosas?
- Me quedan los mejores recuerdos de allí. Lo que marca es el estilo ya que en mi vida personal utilizo el humor de forma seguida. Pero, es eso: solo un buen recuerdo. Lo que quiero decir es que la vida continúa y no hay que repetir sino tratar de crear en todo momento. Igualmente, es muy lindo decir: “Yo forme parte”.


¿La justicia es un ideal utópico?


Una vez más es 18 de julio. Se cumple otro año del atentado a la AMIA. Creo que ya pasaron seis o siete aniversarios pero no estoy del todo segura. Saco la cuenta: 2001-1994...mmm... Sí, ya van siete y aún no puedo creer que todavía no se sepa nada.
La maestra, o como le decíamos nosotros “mora”, reúne a todos los chicos y nos hace salir al patio. Nosotros, entre chistes, juegos y bromas nos acomodamos en una fila, que como siempre, va de menor altura a mayor. Justo en ese momento, se escucha una alarma muy ruidosa que está a un volumen altísimo. Todos ya sabemos: nos tenemos que quedar quietos y callados, recordando a los fallecidos.
Cuando finalmente culmina el minuto de duelo, la directora del colegio, una mujer grande que casi siempre está malhumorada, recita unas palabras y nos manda nuevamente a nuestro salón.
Nosotros caminamos desconcertados y desganados al mejor estilo  de los estudiantes de la película “The Wall”. Nadie entiende demasiado qué  pasó en esa ocasión ni por qué ha sucedido. Solo tenemos una certeza: 85 personas  murieron por un atentado que pudo ser evitado.
Cuando entramos al aula, una mujer de más o menos 60 años nos está esperando. Su nombre es Tzivia y es un familiar de una de las víctimas. Sentada frente a nosotros, nos cuenta cómo fue ese trágico día para ella. “La noche anterior a la explosión, yo había hablado con mi hijo. Él me comentó que pensaba ir a la AMIA al día siguiente para encontrar algún trabajo ya que estaba desempleado. El 18 a la mañana, yo fui a hacer las compras en el super y cuando volví a mí casa, prendí la tele para ver mi programa favorito como hacía siempre. Sin embargo, en esa oportunidad solo pude observar que los noticieros, sin informar demasiado, hablaban de un atentado en la calle Pasteur. En ese momento, se me vino la imagen de mi hijo a la cabeza pero traté de tranquilizarme pensando que él ya no se encontraba por esa zona. Continué viendo la tele pero no se daban datos nuevos. A la tarde, mi nuera llamó por teléfono y me dio la triste noticia: Germán estaba internado  muy grave en el hospital porque  parte de la mampostería se le había caído encima. Finalmente, mi querido hijo falleció horas más tarde”, nos cuenta la señora mayor.   
Luego de charlar un rato con ella y hacerle preguntas, la mora nos hace ver un video sobre el atentado y formar grupos de cinco personas. La consigna es clara: en una hoja de papel hay que poner todos nuestros sentimientos. Pueden ser plasmados en palabras o en dibujos, pero la idea es expresar lo que sentimos frente a tanta impunidad.
Con mis compañeros decidimos escribir. Cada uno dice lo que piensa y nos ponemos a redactar: “18 de julio. 9:53 de la mañana. ¿Surgieron de bajo tierra?, ¿Se desprendieron del cielo?
Una lluvia de estrellas nos iluminó de tristeza.
Gritos por doquier proclamaban impureza.
Estaban entre los ruidos, heridos, malheridos, inmóviles, en silencio. Sentimientos de llanto, dolor, furia y bronca
inundaron nuestros corazones. Corazones que ahora se preguntan: ¿por qué personas inocentes murieron?,
¿por qué la vida puede desaparecer en un minuto? Y  la justicia, ¿va a ser siempre un ideal utópico?”.